Dels riscos d’escriure i llegir amb el barret posat

Dubto si obrir un nou apartat al blog per recollir les entrades que parlen de l’ofici d’escriptor, però encara no sé quin fenomen atmosfèric li escauria millor. Mentrestant, si al darrer post era Sánchez Ferlosio qui prenia la paraula, avui és el torn de Schopenhauer

Hay que aprender a considerar las fuerzas intelectuales como si fuesen en absoluto funciones fisiológicas, a fin de saber dirigirlas, economizarlas o fatigarlas en consecuencia; debe recordarse que todo sufrimiento, toda incomodidad, todo desorden en cualquier parte del cuerpo afecta al espíritu. […] Por haberse negado a seguir este concepto, muchos espíritus nobles y muchos sabios han padecido en su vejez de imbecilidad, volviendo a una nueva infancia y llegando hasta la locura. Sí, por ejemplo, algunos célebres poetas ingleses de nuestro siglo, como Walter Scott, Wordsworth, Southey y muchos otros, llegados a la vejez y aun desde los sesenta años, se han hecho intelectualmente obtusos e impotentes, y hasta imbéciles, hay que atribuirlo indudablemente a que, seducidos por honorarios elevados, han ejercido todos la literatura como oficio, escribiendo por dinero. Este oficio impulsa a una fatiga contra la naturaleza; todo el que unce su pegaso al yugo y azuza a su musa con el látigo, tendrá que expiarlo de la misma manera que el que ha rendido a Venus un culto forzado. Sospecho que el mismo Kant, a una edad avanzada, cuando ya era célebre, se entregó a un trabajo excesivo y provocó con eso la segunda infancia en que vivió sus cuatro últimos días.

Arte del buen vivir. Arthur Schopenhauer. Edaf
(Trad. E. G. B)

Val a dir que l’Arthur va viure sempre de rendes: gràcies a l’herència que va deixar-li son pare mai no va haver d’escriure per guanyar-se la vida i va poder pensar sempre amb l’estomac ple, que no vol dir mentre feia la digestió, ni tampoc immediatament després de fer exercici, activitat a la qual hi estava avesat:

Ante todo, evitemos a nuestro cerebro toda lucha forzada, demasiado sostenida o intempestiva; de consiguiente, hay que dejarle reposar durante la digestión, porque en ese momento esa misma fuerza vital que, en el cerebro, forma el pensamiento, trabaja con todos sus esfuerzos en el estómago y en los intestinos, preparando el quimo y el quilo; igualmente debe reposar después de un trabajo muscular considerable.

De la imbecilitat de Wordsworth i companyia no podria dir-los res. Pel que fa als darrers dies de Kant, a qui Schopenhauer va dedicar la seva tesi doctoral De la quàdruple arrel del principi de raó suficient, d’altra banda un dels millors títols que hom pugui imaginar per a una obra d’aquest gènere, i a qui considerava el darrer gran pensador que havia donat la història, això és el que expliquen els biògrafs:

Continuaba leyendo, pero con poco provecho. Escribir le resultaba casi imposible. En agosto de 1801, un amigo suyo comentaba que Kant «solo era ya capaz de escribir sus pensamientos sobre cuestiones filosóficas en muy contados momentos». A veces quedaba dormido en su silla, y deslizándose sobre ella caía al suelo. Una vez en el suelo, no podía levantarse. Y calladamente tenia que permanecer donde había caído esperando a que alguien viniera a levantarlo. No se sabe con qué frecuencia le sucedió esto, hasta que Wasianski (ex-alumne i amanuense de Kant) le proporcionó una butaca que le impidiera caerse. Kant seguía leyendo en la cama y por tres veces se le incendió su gorro de dormir. Las tres veces se vio obligado a apagar el fuego con los pies. A partir de entonces, Wasianski le dejaba una botella de agua junto a la cama y cambió el diseño de su gorro. También le recomendó que leyera a mayor distancia de la lámpara. Ahora se veía obligado a vigilar a Kant varias veces al día. Sus amigos empezaban a sentir lástima tanto de Kant como de Wasianski.

Kant. Una biografía. Manfred Kuehn. Acento Editorial
(Trad. Carmen García-Trevijano)

Així, doncs, si sou escriptors i porteu barret, no mendiqueu que us l’omplin de diners, a la manera com fan els artistes de carrer a l’acabar l’espectacle, o acabareu obtusos, impotents i imbècils. I si sou lectors i teniu per costum llegir al llit, tingueu cura de treure-us-el abans no quedeu adormits.