La nafra

 

Puede estar dotado de extraordinarias cualidades, ser dueño incluso de una gran erudición, pero un escritor es algo más que alguien que escribe libros […] El hecho de que escriba no lo convierte en escritor; puede ser capaz de escribir la primera […] y hasta la segunda parte de su obra, pero, incapaz de llegar a una conclusión, no estar en condiciones de escribir la tercera. Si, en su ingenuidad, sigue adelante (tentado por la idea de que todo libro ha de tener una conclusión) y la escribe, al hacerlo renuncia claramente y por escrito a toda pretensión de llegar a ser escritor. Pues si bien es cierto que sólo si la escribe satisface su aspiración de que lo tengan por tal, no menos cierto es, por sorprendente que parezca, que al escribirla renuncia a tal reivindicación. Si hubiera caído en la cuenta de la nula razón de ser de esa tercera parte, se habría mantenido fiel al adagio latino tacuisset, philosophus mansisset [si se hubiera callado a tiempo, por filósofo lo tendríamos]

Søren Kierkegaard.

La cita la recull Gabriel Josipovici a ¿Qué fue de la modernidad? , l’obra en què l’autor de Moo Pak es demana per què hem deixat de ser moderns, per què hem abandonat l’intent d’anar més enllà i hem optat per camins més còmodament transitables. Resumint, des de la literatura i aprofitant els exemples que posa el mateix Josipovici, què hi ha en l’obra de Woolf, Beckett o Kafka que no hi és en la de Philip Roth o Julian Barnes.

Com és de suposar, el llibre no dóna una única resposta –si és que en dóna cap–. Possiblement sigui el mateix Kierkegaard, que l’acompanya en diferents capítols del llibre, l’autor que posa el dit en la nafra: «para llegar a la conclusión, primero hay que reconocer que falta; y entonces echarla en falta a rabiar.»